
La muerte se pasea de principio a fin en estas historias breves e intensas, unas veces cumpliendo la siniestra tarea y otras tensando hasta la desesperación la temida cuerda. Porque la muerte se divierte como el gato con las presas y nunca sabemos si vino a pasar el rato o a terminar el juego. De esta manera, el espanto del hombre que viaja con el ataúd para su hermano asesinado y el drama del que extravía las cenizas de su madre, en las manos del diestro narrador, se transforman en historias cómicas.
Hay que andar de puntillas en estas páginas. No se puede confiar ni en luz de la mañana o el encanto del ocaso: cualquier cosa puede pasar.
Páginas tan peligrosas como el muchacho que canta «Mambrú se fue a la guerra» después de una masacre o el hombre que sobrevive al despiadado amor de once mujeres.
Una experiencia al borde del abismo.
Triunfo Arciniegas

«De un tiempo, de un país es un testimonio que contextualiza muy bien la historia social y política de Colombia en la segunda mitad del siglo XX y primeras décadas del siglo XXI. A manera de conversación, este libro permite entender la visión de país de un hombre, que, como pocos en Colombia, lo caminó para entenderlo, comprenderlo, analizarlo y mostrarle a la sociedad a través de sus escritos y conversaciones, la Colombia profunda y olvidada, como en este caso, sin dejar de lado las causas de estos conflictos que nos atraviesan como nación.
(…) De un tiempo, de un país se convierte en un documento necesario para la historia, como una evidencia o registro del pensamiento y accionar de un hombre que ya no está, pero cuya obra ha sido trascendental para pensarnos y analizar un país desde el punto de vista de quienes lo habitan».

Basada en hechos reales, Contra el olvido es una novela que rescata la memoria de hombres y mujeres que fueron víctimas de la desaparición, la muerte, el desplazamiento y el exilio por orden de grupos paramilitares, en una de las épocas más violentas de la historia reciente de Colombia. Aunque los hechos que se narran están enmarcados en un espacio regional específico, sus personajes con sus dilemas, dramas y tragedias bien podrían ser los mismos en cualquier lugar de la geografía nacional, pues de norte a sur y de oriente a occidente, poblaciones enteras sufrieron la acometida violenta de estas organizaciones armadas que las sometieron a tratos infames y degradantes.
En una sociedad que olvida pronto o prefiere negar las tragedias de cada día, Contra el olvido pretende desenterrar la memoria de quienes yacen bajo capas de impunidad e indiferencia y darles un nombre y una sepultura digna, aunque sea en el plano de la ficción.

«Así como fluyen las corrientes libres de los ríos en estas tierras, viajan —a través de los textos de El hilo del destino y otras historias— las primeras amistades, los amores inocentes, las lealtades, los abrazos solidarios, los duros y tiernos momentos de la niñez y, a la vez, los amargos episodios, la tristeza y la impotencia frente a los infiernos que se viven en los campos, y que nos dejan estas diáfanas líneas de su autor, quien ya nos había sorprendido con su ópera prima El sendero de la errancia, impregnado de un tono y estilo frescos, auténtico y profundo, que indaga las más secretas profundidades de la especie humana, desde los ojos estremecidos de la niñez y la adolescencia, pero igual, con la mirada lacerante de los adultos.
Para el lector de este libro, por ejemplo, jamás pasará inadvertida la extraordinaria pieza literaria titulada La ciudad —tal vez el mejor texto del volumen — que nos ofrece la diáfana mirada de la inocencia, en medio de una prosa que fluye natural y sin falsas pretensiones, hacia la poesía.
Pero igual ocurre con la mayoría de historias a las que nos tiene acostumbrados Silvino, con su pluma sencilla, profunda y cultivada en buenas lecturas y en un innegable talento literario».
Jaime Fernández Molano

Este es un libro de viajes que nada tiene que ver con la geografía ni con las ofertas de destinos paradisíacos que ofrecen el oro y el moro por unas cuantas monedas. Sí, este es un libro de viajes a lo Kerouac, en donde el camino nos lleva hacia el infierno que mucha gente alberga en su interior. ¿Todos los infiernos son iguales? En El letargo de los barbitúricos nos acercamos a la historia del descenso de Inés a los abismos de la tristeza. El narrador, como Dante, nos muestra la transformación gradual de la protagonista, con todos los detalles que ha podido recabar desde su privilegiada mirada en primera fila. ¿Se quemará el anónimo narrador durante el descenso?

Con una escritura sencilla como su historia, las líneas de Días de pesca toman rumbo entre sus páginas con la única pretensión de atrapar una serie de recuerdos transcurridos en los espacios abiertos, libres y espontáneos de la infancia, donde la ruralidad se asume como parte de los mundos que bullen en esos pequeños cuerpos, en medio de las vicisitudes, limitaciones y necesidades de la vida cotidiana.
En Días de pesca, el hilo de la historia fluye igual que el de una cometa: suelta, suelta, se eleva y pide más, hasta alcanzar los sueños del dueño de la mano que hala a este lado del ovillo. Todo, en una narrativa que nos devuelve la memoria de los primeros días de aventuras, las caminatas de placer y de oficio, los chapuzones en pozos escondidos bajo la dicha, las peleas escolares y los puños ineludibles que debimos dar para salvar el honor y cultivar los amores furtivos. La satisfacción de explorar y aprender en las profundidades de aquellos sabios que conocemos como abuelos.
Ah, y por supuesto, los días de pesca, donde el mayor trofeo que devuelve el anzuelo es la felicidad.

Las calles de Villavicencio guardan secretos que pocos se atreven a escuchar.
Entre peluquerías que resisten la intolerancia y esquinas donde el miedo y la esperanza se cruzan, estas crónicas reconstruyen las vidas de mujeres transgénero que desafiaron un destino impuesto.
Calle arriba, calle abajo… da voz a quienes hicieron de la calle su trinchera, su escenario y su hogar.
Un retrato crudo y vibrante donde la lucha por la dignidad se convierte en un acto de belleza, y cada. palabra escrita, en un eco de aquellas que la historia intentó borrar.

Imagine que usted bucea a poca profundidad. De repente, se abre hacia abajo un talud inclinado que se pierde en una oscuridad total. No puede caer. Por unos instantes flota sobre ese fondo abisal. Pero decide bajar. Poner el cantil a un lado, como una pared, y sumergirse más y más en esa oscuridad insondable. Es lo mismo.
Una cinta en el balcón, es un viaje vertiginoso. Recorre desde facetas inocentes y limpias, hasta sentimientos sublimes o abyectos mediante historias de amor cotidiano, que sacan a la luz varias de las infinitas piezas del rompecabezas que es ese sentimiento humano. Al final, quedamos con la sensación de que no lo sabemos todo aún.

En el vasto y vibrante paisaje del llano colombiano, donde la sabana se extiende hasta donde alcanza la vista y el cielo se encuentra con la guerra en un abrazo interminable, se desarrolla una historia de transformación. Después que fui dueño de hato, se adentra en el fascinante mundo de los hatos ganaderos llaneros, un legado cultural que ha sido testigo de cambios profundos a lo largo de los años.
La ganadería en esta región no es solo una actividad económica, es una forma de vida que ha moldeado la identidad de sus habitantes…
Orlando Peña Rodríguez

Chucuta (novela) de Diana Carol Forero es un rastreo secuencial y genealógico por entre una serie de episodios dramáticos, absurdos y violentos comunes en el origen y en la estructura como se poblaron las tierras lejanas en Colombia. Una sucesión de huellas alicaídas de descendientes cuya alma es la dureza.
Ambientada en los llanos de Colombia, un mundo de maleza y esfuerzo, devela las distintas formas del destierro, el desplazamiento, la agresividad y el salvajismo de unas relaciones familiares desgraciadas…
(…) En Chucuta, donde encontramos una visión un tanto negativa del orden familiar como modelo solidario, parecen reposar las palabras de Swami Maharás Vámana cuando dijo: «La familia es un hueco oscuro, negro, profundo y sin fondo». Queda en el desliz de sus letras la alentadora promesa de la necesidad de una vida nueva, más humana, más alegre.
Nayib Camacho O.

Letras de bandoneón – El tango hecho poesía de Carlos Omar Dive Quefau es un libro de oro que recoge el sentir de un auténtico poeta, de esos que se forman con la vida y comparten sus destellos creativos con el máximo grado de sencillez.
Carlos Omar Dive Quefau es un trabajador de la palabra, pero, sobre todo, un guardián de la tradición tanguera tan acentuada en su territorio vital: la hermosa Montevideo. La contribución de sus letras da cuenta de una resistencia pasional ante lo efímero de nuestros días. Letras y poemas que se recitan en la cotidianidad de los encuentros de cultores del género, en la formalidad de lo académico y lo radial, en parques y calles, pero también en los boliches al fragor de un mate o un café. Lo he escuchado con su voz profunda, con su pausa amistosa, y doy testimonio de su autenticidad, del hipnotizador efecto que generan sus tangos llenos de espíritu y verdad.
Nayib Camacho O.

En El ruido de las sombras, de Germán Antonio Portela Yaima, confluyen como en un milagro, las distintas vertientes del asombro. Lo hacen con la sigilosa cadencia del silencio, ese «cojo lazarillo de la noche» que silba un réquiem, amontonando en sus labios las notas de un macabro sortilegio, pero también llegan a nosotros como el estribillo de una canción sin compás interpretada en el enloquecedor laúd del lenguaje. En el delicado y vívido tejido de sus imágenes bien logradas, el gozo se destila «en las probetas de la noche» y la angustia «se hace espuma entre los labios», haciéndonos cautivos de su prodigioso talento y su embaucadora ternura.
(…) En las vibrantes páginas de El ruido de las sombras, nos encontramos para danzar al compás del latido mismo de la vida, ante cuya sinfonía, la guitarra «abre sus brazos» para «fecundar el olvido» y recordarnos que la poesía, la buena poesía, como la de este libro, es ese milagro profano que «estalla en las entrañas» y nos «mantiene a flote» en medio de las vicisitudes del destino, aún con «las puntas del alma mutiladas».
Diana Carol Forero

Corpúsculos es una compilación de más de medio centenar de microrrelatos que fluyen por entre las hendijas de la violencia, los prejuicios, la injusticia y la política, entre otros tantos afluentes impregnados de máculas insondables.
En estos brevísimos textos la palabra atrapa las más diversas vertientes de una sociedad que agoniza en sus propias miserias. Esta colección de microrrelatos intenta, como un tropel de dardos envenenados, acertar mediante el lenguaje preciso, dar en el blanco sin que el pulso se altere y sin dar tiempo a la reacción de la víctima.
Su extensión, intensidad y cualidades propias del tipo de texto que se expone, dejan ver las cuidadosas cinceladas que hay detrás de esas piezas tersas y a la vez abrasivas y cortantes.
De ahí que Corpúsculos sea la reunión de una serie de textos impactantes que salen hoy a la luz, luego de un largo periodo de preparación y acuartelamiento verbal, para lograr, con el sigilo que ofrece la brevedad narrativa, estirar la mecha que nos llevará hacia los más inesperados caminos.
Jaime Fernández Molano

«Esta obra es un viaje por el desplazamiento forzado y por la resistencia. Da testimonio de las consecuencias de la guerra y de las violencias que la componen. Nos presenta la movilización constante de la gente del campo que resiste huyendo. Y de cómo, por el camino, se rompen las familias y se recomponen los afectos.
El retorno pone especial énfasis en las mujeres, que no sólo son víctimas de la guerra, sino que son quienes apelan a los afectos y, finalmente, las que convocan a la resistencia. Ellas son la casa que camina, la cultura que huye y se recompone en cada parada, en cada lugar, en cada conversación.
(…) El retorno es una propuesta para la escena teatral que nos propone también un éxodo por la dramaturgia de la épica a lo personal, del suceso a la conversación, del miedo a la resistencia y al género, a las mujeres».
Patricia Ariza

Océano verde es un texto que aporta un gran valor al panorama histórico y cultural que significa la educación en el vasto territorio selvático de la Amazonia colombiana. En una sencilla narrativa el autor intenta ilustrar una serie de aventuras que seguramente muchos docentes han vivido, pero pocos han contado y mucho menos escrito; al menos no como lo hace el personaje principal de este libro.
(…) En esta obra el lector encontrará una descripción sencilla e ilustrativa de cómo transcurre la vida en ese otro país oculto en la manigua, hostil y salvaje para muchos desde los ojos de la urbe, pero admirable, rico y feliz para quienes logran descifrarlo en medio de la agreste realidad que lo rodea.

No hay mejor imagen que la que persiste en la memoria, soporta el paso de las eras y se mantiene incólume frente al sombrío atajo del olvido. Convencidos de esta premisa, emprendimos el viaje de recopilación, reconstrucción y reedición en el tiempo y en el espacio, que rescató de la evocación —algunas veces borrosa e imprecisa—, a un puñado de hombres y mujeres que entregaron lo mejor de sus existencias al florecimiento de Puerto Gaitán, y que habitaron por décadas entre los vericuetos del recuerdo. El laurel por tan esforzado quehacer no podía ser el olvido —segunda y definitiva muerte—, sino la recordación y el reconocimiento imperecederos.
(…) Aquí, estimado lector, encontrará un volumen sencillo, unas páginas que se abren inspiradas en el aroma del viejo álbum familiar, ese patrimonio personal e intransferible que guardamos todos en el más íntimo rincón de nuestra existencia. En contraste, también hallará un recorrido visual por la belleza natural y cotidiana del municipio, gracias a la mirada del maestro Constantino Castel-blanco, fotógrafo insigne de la región, quien es acompañado en estas páginas, por los jóvenes talentos de Puerto Gaitán, David Esteban Vélez Cortés y Nelson Carvajal; todos con espléndidas tomas fotográficas.

«¿Y éste quien es?»
Anónimo
«Siempre le aconsejé que se dedicara a cosas mucho más útiles y edificantes. Estas pocas líneas no consiguen disipar mis dudas.»
Mi padre (¿o mi madre?)
…interesante…interesante.
F. Asprilla
«En términos generales me fastidian las opiniones (excepción hecha de aquella que llaman opinión pública) porque implican una juiciosa actitud humana que a fuerza de suficiencia resulta tan ridícula en una época en la que todo desemboca a fin de cuentos en equívocos, cuando no en flagrantes equivocaciones.»
Del Castillo
*Francamente es el mejor libro de poesía (sic) que he leído en los últimos tiempos»
Bibiana
«El mismo sentimiento siempre me ocurre,»
A. Beça
*Me gustó mucho este libro…. yo no leo mucha poesía*
Pamela Courson
«Me gusta el tono en esa cuerda mística que trata de expresar una situación de desampara, del impío, del desterrado;… me llegaron las voces de los místicos españoles, pero también la del poeta sefardí Yehuda-Halevi.»
J. E. Pacheco
«Me gusta lo que escribe porque son como historias o cortos; siempre cuenta algo»
Francisco
«Es un libro conceptual expuesto en un lenguaje bastante narrativo; en todo caso una angustia con cierto toque de humor, con traspié chaplinesco, en una atmósfera de carpa de circo; el humor de un ‘extranjero’ a lo Camus en medio de la ciudad en ruinas.*
J. Boccanera
«La verdad que nunca he sido muy bueno con las explicaciones, las palabras. Tanto peor para mí, que me empeño en trabajar con ellas. Curado en salud, seré breve: Es un libro hermoso… (estos poemas) tienen eso que uno siempre quiere escribir pero que descubre hasta leerle en otro. Textos precisos, hondos, magros.»
L. Chaves

«Para leer estas páginas es preciso que nos sentemos cómodamente en una balsa tejida de flores, dispuestos a navegar por el mar infinito de la imaginación, para adentrarnos en el sueño de ese país del Orinoco, que, como nadie, nos ofrece la maga mayor -Silvia Aponte-, quien nos transportará por los más inesperados y hermosos paisajes en la intimidad de un territorio que vive la alegría y el asombroso universo de lluni, la hermosa niña canela de cabellos y ojos azabache tan grandes como su espíritu cósmico y volátil, que un buen día descubrió, con la complicidad de sus silencios, las más bellas sonrisas de Dios.
(…) Silvia Aponte, a manera de conjuro, nos trae entre sus manos las Sonrisas de Dios, que nos retornan a los mejores años de nuestra existencia —la infancia- donde todos podíamos atrapar el guiño de las hadas y teníamos el poder de aliviar los dolores más intensos del cuerpo y el espíritu, masticando, por ejemplo, los pétalos de una rosa, o devorando el corazón de un girasol enamorado…»
Jaime Fernández Molano

Una novela de un escritor llanero que incursione en la vida escolar es, cuando menos, una novedad editorial. Y una novela como la de Mario Hernández, limpia de hipérboles, en la que impera el estilo de buen escritor es el augurio de que la literatura llanera inicia el recorrido por la modernidad con una obra seria.
En su primera novela Mario recrea, con todas sus características, el mundo escolar, lleno de contradicciones, violencia y conflictos. Además, en el libro se vislumbra la ironía frente muchas actitudes y acciones que son comunes en la escuela pero que, casi siempre, pasar inadvertidas.
Los personajes de la novela son compactos, bien logrados, pues piensan, hablan y actúan como lo hacen los alumnos, profesores y directivos de nuestras instituciones educativas, de modo que cualquier parecido con la realidad es, en este caso, producto del conocimiento que Mario ha acumulado a lo largo de veintisiete años como maestro.
Henry Benjumea Yepes

Después de dos novelas publicadas (En la Escuela y Matupa), Mario Hernández Enciso ––quien nos recuerda ser ‘de orgulloso ancestro sanmartinero’–, lanza su primer libro de cuentos, Tiberio Pérez murió de algo –colección Otras Voces, de Entreletras–, con trece piezas narrativas que condensan, desde una óptica en apariencia simple y con precisión en sus palabras, las múltiples atmósferas de la cotidianidad urbana y a la vez ‘sabanera’; es decir, que desde la misma cantera surgen textos que narran ambientes escolares –que conoce hasta la saciedad–, y recorren igual, las míticas sabanas llaneras. En sus palabras, que maneja con mucho cuidado y atención, se abordan historias cotidianas que –a manera de retratos– van tejiendo una serie de ambientes disímiles que el autor describe con paciencia y buena letra. Textos que descubren a un observador apasionado del detalle y a un conocedor de los más recónditos espacios que dejan entrever los espíritus de sus protagonistas.

Es una recopilación lingüística identifica una forma de expresión de los habitantes del llano colombo – venezolano. En él encontramos una serie de términos de origen español arcaico traídos por los conquistadores y colonizadores de esta región de América. También hallamos términos indígenas y expresiones propias de los habitantes de la región llanera.
Con esta obra pretendo preservar este leguaje propio de nuestro llano. Su lectura resulta ser un medio de entretenimiento que amplía, divulga y fortalece el uso de un léxico vernáculo, además de conservar el acervo cultural llanero.

La presente edición de Estos duros, estos tiernos parajes. Historias del conflicto, es una breve muestra dentro del abundante material escrito por los asistentes al taller, todos, de una u otra forma, tocados por las circunstancias de la violencia ocurrida en Colombia en uno de sus más nefastos periodos históricos. A través de la escritura se ha pretendido llevar a sus creadores a la fina comprensión de los hechos sucedidos, con la finalidad sustancial de aventurarse a superar tales acontecimientos y acercarse a la literatura como una manera artística de sanar sus heridas.
Se reúnen aquí las voces de veintitrés autores, algunos que por primera vez se acercan al trasegar por caminos literarios, y otros, con alguna experiencia narrativa, resultado de los diversos talleres realizados por la Corporación Cultural Entreletras.
Nayib Camacho O.

La de Hurtado es una escritura refinada que juega, con éxito, en el filo de la navaja, a la vez con lo más humanamente cotidiano y con el absurdo más inesperado, sin que se noten las marcas que indiquen el paso del uno al otro.
Trata temas fundamentales para el individuo, en el registro risueño, no con abstracciones filosóficas, sino con la representación de hechos concretos, cotidianos, materiales. También hay situaciones atemorizantes, incógnitas, seres enigmáticos, todo lo cual se va entretejiendo con inteligencia, creando con recursos inéditos lo extraño, y su aceptación como algo normal, con personajes que son, aparentemente, seres comunes y corrientes.
Si hasta ahora la cuentística regional llanera se había preocupado, fundamentalmente, de recopilar la tradición y verterla en un lenguaje llano, para resaltar las costumbres y los valores llaneros, Jorge Omar Hurtado se empeña en crear y recrear, desde situaciones nuevas y refrescantes, las posibilidades del ser humano para registrar los momentos decisivos de sus actos y plasmarlos en una prosa rica, serena y mordaz.
Henry Benjumea Yepes

Un fotógrafo daltónico se aleja de su país con la finalidad de superar una crisis relacionada con su actividad profesional. La estadía en un lugar distante de su entorno habitual le agudiza la visión y la comprensión de su realidad. El encuentro con un sorprendente paisaje y el relato de historias insólitas, lo sumergen en un juego de espejos narrativos que replican una serie de episodios semejantes ocurridos en diferentes territorios y distintas épocas.
Ambientada en la exuberante geografía de la Patagonia y la Tierra de Fuego, Calles de hielo narra el devenir de unos personajes cuyas conversaciones conectan segmentos de la historia colombiana con la historia argentina, Los acontecimientos narrados y el ambiente en donde se refugia el fotógrafo lo obligan a tomar una decisión trascendental para su destino. Con un tono reposado el relato advierte el drama de una historia común anclada en el deseo y la palabra como singulares recursos para sobrevivir.
Calles de hielo es un elogio a la memoria, un tránsito del no color a lo colorido, una metáfora de vida en medio del hielo y recuerdos congelados.

Contarsis es una apuesta narrativa que refleja cómo el conflicto colombiano ha atravesado las distintas regiones del país y ha derribado las puertas de muchos hogares. De igual manera, descubre la manera en que las personas que han sido víctimas directas o indirectas del conflicto lo perciben, comprenden y comunican.
En segunda instancia, y principalmente, Contarsis es una apuesta de creación de un dispositivo multimodal que busca externalizar, mediante la catarsis, las ideas, emociones y pensamientos nocivos para llevarlos a un plano compartido en el que se pueda expresar el dolor, a modo de denuncia, grito y lamento. (…) Contarsis anhela ser, en primera y última instancia, un mecanismo de construcción de paz.

«Tanto en este poemario, como en el anterior —Horizonte de sucesos—, la que se autonombra «poeta de vereda» toma del vocabulario científico conceptos y palabras que le sirven para expresar un drama que es a la vez cósmico y personal. El colapso de unas nubes de polvo, la fragmentación de la materia o el fin de un mundo son sucesos que entran en relación con el desgarramiento íntimo que producen el sexo o el amor, con el hastío de un lunes o con el abrazo que una madre niega a su hija. El odio de una madre es un acontecimiento de consecuencias universales; es como el odio de Dios.
(…) En los poemas de Singularidad desnuda hay una viva conciencia de las derrotas y los saqueos vividos por las mujeres, los disidentes, en fin, de la violencia padecida por la legión de personas condenadas y borradas de la historia. Incluso, en el epílogo de este volumen, aparece la continuación de una serie poética, «Epitafios», en la que Diana Carol se obstina en oponer la palabra a la muerte, la poesía al olvido. Son poemas dedicados a vidas amputadas en su comienzo, macabro récord de un país que odia a los niños y las niñas, que desprecia a los jóvenes y a las mujeres, que se santigua ante todo lo que es promesa de vida y proliferación».
Pedro Adrián Zuluaga

«El presente volumen reúne la obra ensayística, de opinión y literaria de Rafael Salamanca, eminente médico y psiquiatra de la vieja guardia, uno de aquellos que auscultaban a sus pacientes de manera física y mental, no solo desde lo orgánico y profesional, sino principalmente desde lo cultural y humanístico. Como consecuencia de su amplia cultura, arraigada en lo clásico y lo decente, el autor se detiene para ahondar desde los propósitos de su escritura a la manera de un divertimento que no se agota ni en sus formas ni en sus problemas especiales.
La obra antológica compilada bajo el título Fe de erratas constituye una novedad, no solo por su extensión, sino por la variedad de su contenido temático, el cual se ve realzado por una fina prosa, una detallada exactitud médica y profesional, una amplitud lexicográfica y un afortunado trabajo de ficción literaria. Todo ello aderezado de un sutil humor y una secreta ironía.
En el ensayo médico psiquiátrico publicado en esta antología, se destacan las novedosas contribuciones científicas del autor, las cuales en su momento fueron definitivas para los manejos clínicos y tratamiento de ciertas patologías en el país».
Nayib Camacho O.

«Los poemas de este libro fueron escritos para no morir. Cada uno contiene un pedazo de alma, una cuota de dolor, un hilo fino de tristeza que refleja una vida abrumada por el sentimiento de abandono y la soledad. Aún en sus momentos más felices, estos poemas parecen escritos con el filo de un hielo azul, cristalizado en el corazón de un alma atormentada.
La noche fría que atraviesa las páginas de este libro es, sin embargo, una cosa bella: un manto liviano y frío que abraza y libera. Una brisna nocturna que en lugar de herir la piel la reconforta con su tristeza serena. Este libro es como el adagio para cuerdas de Samuel Barber, poblado de destellos flotantes de luz que, como saliendo de un pozo negro, ascienden hacia el cielo».
Camilo A. Enciso Vanegas

«La literatura de Diana es fluidez en su estado más puro. Es la aparición de una voz orgánica, honesta, sin artilugios ni engaños. Si con su poesía ya nos había acostumbrado a uno tras otro cross a la mandíbula (en el sentido arltiano), lo que sucede con este volumen es la muerte lenta del relato como forma equilibrada entre lo real y lo imaginado o, lo que es lo mismo, el último esbozo de feliz penumbra antes de nacer».
G. Jaramillo Rojas

«Mi Salvador – Historia de un amor en tiempos de pandemia, es una obra muy intensa y cautivadora que llevará al lector a querer avanzar para saber su desenlace, pero que, a la vez, lo incitará a quedarse y adentrarse en cada página de ella, para poder profundizar en el drama diario de sus personajes.
(…) Como parte del equipo médico que atendió a Salvador, viví también esta historia en la que perdimos la guerra, pero de la cual aprendimos mucho; de la fortaleza, de la verdadera fe, de la férrea perseverancia de una familia y de un amor incondicional de pareja que nos conmovió a todos los que estuvimos a su lado al final de su historia.
Desde su perspectiva, Darqui, esposa de una persona que se contagió de SARS CoV 2, nos cuenta el drama del paciente, de su familia y del sistema de salud colombiano, como consecuencia de esta pandemia que impactó al mundo entero».
Diego Alejandro Caicedo (MD)

El relato en primera persona que realiza Wilson Ladino Orjuela permite conocer, a los lectores, aspectos de la vida social en Villavicencio, departamento del Meta, en los 60’s del siglo XX. La ciudad por aquellos años apenas contaba con 40 mil habitantes y sus relaciones con la ciudad de Bogotá, se veían interrumpidas por el mal estado de la carretera de ese tiempo, antes, durante y después de la tragedia de Quebrada Blanca (1974), en Cundinamarca.
Cuáles eran las actividades que jóvenes de clase media realizaban en los años 60 y 70 en la ciudad que luego será denominada La puerta del llano. Para los antropólogos, historiadores, sociólogos, este se convierte en material de primera mano para conocer las conexiones que se daban entre este villorrio relativamente aislado y las tendencias internacionales propias de la época de la post guerra fría.
(…) Este relato aporta al conocimiento de las subjetividades de países del tercer mundo, o del mundo en desarrollo o de economías neocoloniales o dependientes, según sea la perspectiva de los estudiosos sociales.

Llegar a la escritura o a la publicación no es tarea fácil. Se acumulan años de lectura, insistencia y frustración muchas veces no reconocidos, o simplemente, poco valorados. El trabajo literario en el campo narrativo, más que una forma de desahogo es una actividad paciente que requiere de tiempo, decisión y, sobre todo, de esculpir obsesiones y registros memoriosos exponiéndolos a la circulación pública.
(…) Este es un libro diverso que acoge las voces de mujeres y hombres, jóvenes y viejos, algunos con una mayor experiencia y otros iniciándose en el arte de narrar, pero todos con el espíritu de contar una historia dispuesta por la realidad circundante o por la imaginación. De los cientos de trabajos que nos llegaron, se hizo una selección que le permite al ojo ciudadano disfrutar de diferentes asuntos, variados pulsos de escritura y entonaciones diversas. Por ello, este libro es multitemático, siempre conservando el acento personal de cada autor.
(…) Por lo pronto, aquí están los valientes que, en medio de esta ciudad silenciada por el miedo, la pena o la arrogancia, se atreven a exponer algo de su trabajo.
Nayib Camacho O.

Siguiendo la tradición narrativa donde el campo, la familia y la circunstancia pueblerina son dominantes, en el más diáfano sentido de lo que significa el campo y sus habitantes, los relatos de Silvino Villalba Cruz van desanudando el trasegar de hombres y mujeres que buscan nuevos arraigos, nuevos paisajes hasta llegar a establecerse en una nueva geografía. Y en ese andar, que concluye en el asentamiento, aflora el asombro propio de la infancia, la hermandad y sus complicidades.
Escritos bajo un pulcro tono campesino o de costumbres ajenas a la espantosa condición ciudadana de nuestros días, los relatos contenidos en El sendero de la errancia valoran altamente la exuberancia del paisaje y el arrojo del brazo viril por domeñar un territorio agreste. No dejan de expresar los relatos de Silvino Villalba Cruz el viejo y auténtico sentido de la amistad, la lealtad y el mundo de los afectos primarios, aunque de manera sutil se cuestione el sentido anacrónico de lo que fuera la autoridad paterna.
Nayib Camacho O.

«Todos los lugares, toda la luz es el resultado de un proyecto soñado desde hace algunos años: reunir en un volumen las voces poéticas más representativas de la región y, en específico, del departamento del Meta en las últimas décadas. Poetas con múltiples obras publicadas, con relativa importancia y trascendencia, incluso —en algunos casos— en el país. Creadores con amplia trayectoria en el oficio y que han merecido reconocimiento por su trabajo intelectual. Ese es el perfil de los primeros cinco invitados: Olga Malaver, Henry Benjumea Yepes, José Vicente Casadiego León, Nayib Camacho O. y Darío Sánchez Carballo.
Junto a ellos, se ha tomado un riesgo editorial: invitar a la antología a dos voces nuevas, sin gran trayectoria, sin múltiples publicaciones, pero con propuestas poéticas en vía de abrirse un camino propio en el escabroso camino de la creación. Son ellos, Laura Isabel Ramos Velásquez y Manolo Torres. Dos poetas de la nueva generación, que comienzan a dejar huella en nuestra historia literaria».
Jaime Fernández Molano

«En la poesía de Diana Carol Forero encontramos en un mismo lugar y de forma simultánea, ríos de vitalidad, deseo, pasión, dolor; los más grandes abismos contados y cantados desde su estética particular, que, como una bulla interior que explota en cada verso, puede pasar de una mirada dulce a los ojos enrojecidos que desangra la guerra; del erótico encuentro, al cuerpo desmembrado; de un corazón inundado por el goce, al pálpito de la ausencia. Y algo que debemos señalar: entrar en las páginas de Horizonte de sucesos es ahondar en lo más profundo del alma humana y ser testigos de la desnudez plena de su autora, que nunca calla, que siempre tiene una respuesta, que clava su estocada en medio del corazón que seguirá palpitando entre la vida y la muerte. Ya sea «partida en dos» o enamorada».
Jaime Fernández Molano

(…) A diferencia de otros libros de Linero, Casi triste es una declaración de melancolía o como él prefiere llamarla: de tristura. Casi triste suena muy próximo a un canto pesimista y a veces fatalista, epigonal.
(…) Estos poemas son Casi tristes, es verdad, de tono elegiaco transcurren como la niebla en Bogotá. Suenan a bolero doliente o a saudade de un fado.
(…) A pesar de la partida de los afectos, del transcurso del tiempo, de la juventud extinta, de la belleza díscola, de la destrucción, de la violencia irrefrenable, del absurdo humano, estos poemas saben a mar, reclaman su lugar en el mundo. El poeta Fernando Linero nos ofrenda esta mirada musical y diáfana que florece y resuena a pesar del mal tiempo, la vida se manifiesta en los pregones y en la yerba. Casi triste es un canto a la esperanza».
José Ángel Leyva

«Las formas del encierro (cantata pandémica) reúne 37 breves relatos ocurridos en las más difíciles circunstancias vividas por la humanidad en el último siglo: la plaga invasiva del Covid-19. Bajo ese implacable pretexto, Nayib Camacho O. plasma estas historias profundas, llenas de simbología y significación —y divertidas a la vez—. Desde su propia cámara oculta u ojo omnipresente, alimentado con años de lecturas y trabajo literario, el autor capta los más sencillos y complejos episodios cotidianos en ese periodo incierto para la humanidad, y que se revelan en las páginas de este libro».
h.m.

«Si es llanero, canta», dicen algunos viejos en ese llano llanero de soga, toro y caballo. El verso está a flor de labios en este territorio y se puede rastrear de entrada en la forma como se usa el lenguaje. Las maneras particulares de nombrar las plantas, los árboles, los lugares o los animales, pareciera que obedecen a unas normas poéticas consensuadas por el uso y el tiempo, en este territorio. Tarotaro, guarataro, tautaco, chicuaco, guarracuco, carraco, cachilapo, chiriguaro, botalón, matacho, cimarrón, grisapa, tientos, capotera, merecure, zumba que zumba y periquera, son solo una pequeña muestra entre una infinidad de maneras de nombrar los objetos, lugares, eventos, emociones, animales o plantas. Ante el mínimo análisis o reflexión sobre el lenguaje, se observa que sus formas sonoras obedecen a una manera propia de hablar, que está guiada por una musicalidad que subyace inicialmente en la métrica o el ritmo con que suenan, y que posteriormente se armonizan y convierten en melodía mediante ese otro agente transformador y pedagógico del mundo sensible de los hombres y mujeres de la tierra plana, que es el joropo.
En este libro hemos seleccionado una parte de los escritos de sus primeros tres cuadernos y contiene una serie de cantos de arreo, cantos de ordeño y cantos de vela que además son enriquecidos con lo sonoro a través de la voz de su propio autor con la melodía que acompaña a cada verso; además, publicamos algunos de sus poemas y corríos.
Jhon Moreno Riaño

La historia del arpa llanera —a partir de los años cincuenta— se puede narrar de viva voz y oír de viva música. Cheo Hurtado, en Venezuela, Darío Robayo y Cachi Ortegón, en Colombia, pusimos el empeño, seguimos el rastro y cazamos a los arpistas. Dialogamos con la confianza que otorga la amistad, con el respeto que impone la admiración y con la orientación que exige el trabajo. Hablamos de manera emotiva, a veces, francamente gozosa, sin prevenciones ni pretensiones; aprendimos y escuchamos. Armamos la vida del arpa desde la vida de los arpistas.
Con este libro no se pretende agotar el tema; solo se quiere rendir un homenaje al contar no tanto la historia del arpa, sino las historias del arpa a través de sus héroes. Quizá se pierda objetividad y precisión, pero seguramente se ganará calidez, cercanía y sinceridad.
Los autores

San Juanito de ayer a hoy (1913-2021), valle flanqueado por altas y agrestes cordilleras y coronado al norte por el majestuoso páramo de Chingaza, es el panorama idílico y a veces de realismo casi trágico que abre ante nuestros ojos la autora; y del cual decía hace muchísimos años el padre Salvador Prieto s.m.m. (q.e.p.d.), para entonces superior de la casa y maestro de novicios, que San Juanito es como uno de esos castillos feudales, legendarios y misteriosos de la Edad Media en Europa.
La autora sigue en términos generales la cronología como hilo conductor. Y alrededor de este y de otros menos generales, pero no menos importantes, va tejiendo todo el entramado con personajes, hechos, fechas, lugares, informaciones, descripciones, hasta llegar a este resultado casi monumental y sorprendente.
Gil Cenón Jiménez Rojas

Los relatos contenidos en A la sombra del naranjo en flor, de Mauricio Torres Maldonado (Mauto), constatan un umbral de historias reales y fantásticas que sirven de motivación al autor, no tanto para sentirse escritor, sino para cumplir con el deseo de darles vida pública a hechos y eventos que reposan en su memoria. En esto consiste el placer de recordar, el goce de narrar y el deleite de compartir con el lector un segmento de vida y experiencia a través de la exploración sencilla y sincera de un particular entorno familiar, amistoso e íntimo.
Queda en sus manos esta escenificación narrativa, donde su autor, hombre de campo y valiosa condición humana, más que de letras, rinde desde su memoria un gran homenaje a su familia, amigos y ciudad, al ofrecer una versión escrita de episodios compartidos en gratas tardes de conversación. Este libro es un excelente ejemplo de cómo se puede pasar de la condición ágrafa y oral a un orden creativo y escrito como testimonio del valor de la palabra y de la constancia formativa por recrear mundos.
Nayib Camacho O.

Cuando pregunté sobre los inicios del periodismo en el Meta, me hablaron de personas o empresas desde los años 50 y 60 del siglo XX, pero, ¿qué pasó antes de los 50?
Con esa pregunta y las ganas de incentivar la investigación, reuní a mis colegas de la Asociación de Periodistas y Comunicadores Sociales del Meta (Asopemet), para enfrentar este reto que nos deja resultados satisfactorios: nuevas heroínas y héroes locales, en un mismo texto conocerán algo de los orígenes de la profesión, y en nuestra agremiación estamos dichosos por recuperar y transmitir este pedazo de la memoria histórica metense.

«Música para un bolero es la novela que Yormary Rincón Parra siempre quiso escribir, una novela que gira alrededor de los sueños y el miedo. Como un sentido homenaje a un antepasado suyo, en el devenir de su hipótesis inicial, la autora resuelve la difícil tarea de trabajar distintas generaciones involucradas en el corazón de una historia sentimental. Pero aún más difícil fue aquello de enmarcar el relato en el devenir de la violencia en Colombia, circunstancia nefasta que abarca momentos tan definitivos como el asesinato de Gaitán, la violencia partidista de los años cincuenta, el surgimiento de las guerrillas durante el Frente Nacional, y el conflicto paramilitar de nuestros días. (…) Allí, la autora alcanza su propósito narrativo sin inclinarse en juicios de naturaleza sociológica o política.
(…) Con su novela, la autora no solo nos hace viajar en el tiempo, sino que, metiéndonos de lleno en la historia, sus personajes nos despiertan el afecto que sentimos por el corazón y la desdicha del prójimo. Con una ecuánime descripción de ambientes y paisajes localizados en el llano, y sin recurrir al mugido del folclorismo, se siente la atmósfera de un territorio descrito sin pretensiones grandilocuentes, ni ansiedades de originalidad.
Música para un bolero es un álbum familiar convertido en literatura y, de pronto, en bolero cuyos acordes reclaman el amor o el olvido».
Nayib Camacho O.

Che, la misma lluvia es melodía que pulsa corazones, que aviva las miradas e invita a moverse con plena libertad luego de un cabeceo en el baile. La novela gira alrededor de un corazón enamorado que vibra al compás de un bandoneón. Centrada en el ritmo de la vida, con sus sueños y tristezas, su epicentro narrativo se ocupa de cuerpos que danzan en bella armonía sobre el tablado de la cotidianidad, y que, enlazados sin rigidez, dibujan en el aire diversas formas de encontrar placer.
Fernando Granada Escudero

Colombia atraviesa una era de violencia social de consecuencias devastadoras sobre el alma de la población. Los niños son las víctimas que, por su condición formativa y evolutiva, resultan más vulnerables. Con preocupante frecuencia sus patrones de identificación son los actores violentos, patrones que el influjo bienintencionado de la escuela no siempre logra neutralizar.
El análisis de textos escritos por niños en áreas de conflicto, arroja luz sobre ellos mismos y ayuda a refinar nuevos instrumentos pedagógicos. A partir de un conocimiento de su entorno introyectado y de sus necesidades y valores, se diseña un modelo de lectura y una propuesta pedagógica para la comprensión de su mundo.
En este sentido el presente libro, Los niños también cuentan, apunta a la esencia de la educación: estimular las potencialidades humanas, el acceso al sentido y la trascendencia de lo inmediato, y sin duda será de utilidad a los maestros de la región y del país.
Rafael H. Salamanca

«En su búsqueda de la tradición oral Silvia Aponte rescata la fantástica literatura de reyes, princesas, ogros, sirenas y brujas de la edad media española y europea que trajeron los colonizadores, en su gran mayoría analfabetos, y que se regaron por toda América.
(…) Con la recolección, reconstrucción y difusión de la literatura tradicional, Silvia Aponte ha realizado una labor cuyos méritos, aún no reconocidos, se suman a los nombres del Rey Sabio, del Arcipreste de Hita, de Quevedo, y del mismo Cervantes. Tanto mayor es su hazaña, si se tiene en cuenta que diariamente el Llano se convierte en un gran cementerio con cruces anónimas donde se entierra a decenas de longevos que se llevan a la tumba el más rico acervo de nuestra tradición literaria.»
Manuel Zapata Olivella

“Tedio, hastío, fastidio, hartazgo, aburrimiento, monotonía, languidez, aversión, serían todas palabras adecuadas para definir lo que Henry Benjumea se propone decimos en éste libro. Todos estos poemas están atravesados por una finísima barra lacerante, que logra estremecernos y que al mismo tiempo nos arroja en la cara una manotada de aquello que los franceses llamaron spleen, y que va un poco más allá de lo que en el Brasil se conoce como saudade. «Un absoluto desprecio por lo humano/digno de mi maestro Schopenhauer» según el conocido verso aquel. En cada línea de ésta colección está presente esa «desazón suprema» que nombró para siempre el entrañable Barba Jacob. Ese hastío, en más de una ocasión, sólo encuentra para expresar todo «el fastidio. toda la hartura que almacena en sus odres», la risa. Es por esa razón que encontramos con frecuencia en estos poemas un desgarrado humor. Recuerdo haber leído, hace mucho tiempo, en una biografía de Charles Chaplin, una sentencia según la cual el dolor tendría algo asi como una graduación, y que en su momento máximo, se hallaba la risa. Cuando ya no tenemos ninguna esperanza, cuando sabemos que no hay salida posible, que la trampa es en serio una trampa, no nos queda más remedio que sentarnos, con la cabeza entre las manos, y reímos como desquiciados de nuestro triste destino. Esa es para mi, modestamente, la sensación que dejan estas memorables líneas que Henry Benjumea nos entrega como desolada herencia después de leer reconstrucción”.
Fernando Herrera Gómez

Imagínense a una cazadora de ojos, alguien que lo que persigue es mirar, como ocurre en la sinestesia, con todos los sentidos. Ver con los oídos. Mirar con el tacto. Escuchar con los ojos.
Eso que, en un orden distinto al de la poesía, podría parecer una suerte de locura, en Olga Malaver es un deseo de la misma estirpe de la ambición que ya preconizaba Rimbaud a través «del desajuste de los sentidos».
(…) La autora de este libro sabe bien que «las definiciones no existen, que las palabras se adoptan» y es en esa adopción de los vocablos en donde su poesía se hace justa.
Juan Manuel Roca

Buenos vientos hincharon las roídas velas de la nave que condujo a José Vicente Casadiego al agreste verde de nuestra infancia. Sextante en mano, el hombre recio que se esconde en su inofensiva figura, se acerca al rudo llano de pastizales y herrumbre para descifrar la inquieta arquitectura de sus cantos.
(…) Poeta de tierra caliente, de mangales tiernos y atardeceres en los pozos, de caídas de sol y de asados los fines de semana, de apetencia feliz por las muchachas, de trova cubana y oscuros cantautores, José Vicente Casadiego dice ahora toda la verdad que cabe en sus ojos. Por eso es necesarios oír su voz juiciosamente.
Rolando Chaparro Hurtado

El talento que se percibe en este libro, si bien está orientado por tres maneras muy diversas de ver y abordar el mundo desde la literatura, tiene una conexión directa con un tema fundamental en el arte: la indagación, la exploración, el recorrido por los vericuetos insospechados de la condición humana; su conducta, sus pasiones, angustias, desafueros, verdades, goces, placeres, frustraciones, picos de felicidad y valles de tristeza. En fin, plumas que ahondan entre los laberintos de la vida, producto ¾unos¾ de sus vivencias, ¾otros¾ de sus sueños, de los encuentros casuales o cotidianos con el otro, a través de este largo y tortuoso camino que llamamos mundo.

La historia como tal no se agota en su aspecto político-militar-biográfico, como ha ocurrido, por lo general, con los estudios historiográficos desarrollados en el ámbito Latinoamericano desde el siglo XIX. La historia abarca mucho más, las ideas y la cultura, donde se incluye su modo de producción y de recepción; el constitucionalismo, las instituciones jurídicas y políticas. Y de eso se ocupa la obra, de mostrar la andadura de las sociedades iberoamericanas por la modernidad político-jurídica, que iniciara precisamente en este período histórico (1808-1830). De ahí la necesidad de abordar esta descripción y análisis desde el campo del Derecho y de las ideas políticas.
(…) El libro aporta luces a la historia de la cultura ius política moderna del mundo hispánico —del americano y del peninsular—. Apunta hacia una historia de las ideas políticas en el marco del liberalismo y del constitucionalismo, que se mostraron por entonces como las líneas transversales que integraron aquella sociedad en particular.

Extracto de equidistancia es el resultado de una vida entera dedicada a la investigación sobre el tema de la educación en Colombia.
Este ensayo ofrece una juiciosa mirada crítica que su autor pone a consideración del lector, con la esperanza de que se abran debates que conduzcan a consensos propositivos, que transformen el estado actual de nuestro sistema educativo.

Este ensayo constituye un aporte a la historia social y cultural de ese artificio extendido que ha sido denominado la «antioqueñidad», que algunos extraviados chauvinistas incluso creen que es la «raza paisa», de bruñido abolengo visigodo cristiano español.
Nos animamos a señalar, en contravía de la visión conservadora y católica, cómo nuestros genes están plagados de sangre sefardí, pues buena parte de nuestros apellidos provienen de conversos que en su aventura americana arraigaron en estos valles marinillos. Una sociedad mayoritariamente mestiza como ha sido la antioqueña, en la que durante medio mileno generosamente se han fundido las etnias y las clases sociales, de facto o de derecho, por obra del amor, del interés económico o político, cuando no por la fuerza de las circunstancias, resulta sintomático que en pleno siglo XXI todavía haya quienes postulen la «purezas de una «raza» que le hace única y la acerca al ideal europeo cristiano.
Abundan en Antioquia estudios interesados en ocultar los considerados «lunares familiares», en maquillar los entuertos o ruindades de algún incomodo antepasado, en adobar el linaje propio. A través de las probanzas de nobleza o de limpieza de sangre, las familias «pudientes» o con algún grado de poder económico y social, otrora pretendieron borrar todo estigma de «mala sangre», ya fuera esta de carácter étnico o religioso, esto es, presumiendo de no tener o entroncar con antepasados negros, indígenas, moros, judíos o conversos, con nada que no fuese la rancia estirpe española.

Muy lejos, más allá de las montañas de palabras, alejados de los países de las vocales y las consonantes, viven los textos simulados. Viven aislados en casas de letras, en la costa de la semántica, un gran océano de lenguas. Un riachuelo llamado Pons fluye por su pueblo y los abastece con las normas necesarias. Hablamos de un país paraisomático en el que a uno le caen pedazos de frases asadas en la boca. Ni siquiera los todopoderosos signos de puntuación dominan a los textos simulados; una vida, se puede decir, poco ortográfica. Pero un buen día, una pequeña línea de texto simulado, llamada Lorem Ipsum, decidió aventurarse.

(..) En este libro, Hugo Mantilla Trejos narra la vida y andanzas del Juglar de las Petacas’, Ramón Hernando Pérez Mota, a quien recuerda haber admirado siempre por su versatilidad, su repentismo y su capacidad inmensa para querer su tierra. Es un libro de casos, nacido de la evocación y el recuerdo.
(…) Y es que a lo largo del libro, Hugo, con su pluma magistral y como representante de los buenos juglares, nos va descubriendo muchos de los aspectos que Argenis Méndez Echenique, en su libro Apure, en cuerpo y alma, nos dice sobre las características de estos llaneros: «representación muy especial de Dios; amplio concepto de libertad; amor y respeto a la familia, el parentesco y el compadrazgo; amistad y lealtad; hospitalidad; valor personal, coraje y resolución; generosidad y amplitud; compromiso de la palabra empeñada; romance y fantasía, expresados por medio de la copla y la música; intemporalidad y simbiosis con la naturaleza, sin romper el equilibrio ecológico».
Henry Benjumea Yepes

«Con un lenguaje de fina sensibilidad despojado de artificios, limpio, espontáneo, este libro nos muestra una mujer que está buscando su propio destino.
Es significativa la presencia de elementos del universo llanero que le sirve de marco, sin llegar a la costumbre de los escritores de provincia que recalcan en los íconos locales con la pretensión de darle una identidad más definitiva a la obra.
Es de resaltar el espacio femenino a flor de piel extasiado en la contemplación del entorno natural y del amor con una sensibilidad que fluye y que parece a través del poema tocar al amado».
El jurado calificador: Pilar Lozano, Celso Román, Fernando Linero.

(…) La primera idea que asalta a nuestra mente cuando a Tredy del Llano se le ocurre escribir sobre el legendario Guadalupe, es: si a esta mujer se le habrá ocurrido hacer en épocas que todos sabemos difíciles para la nación, una apología de la guerrilla.
Nada más lejana a este interrogante es la realidad. Lo que Tredy nos descubre aquí es algo que la mayoría de los colombianos ignorábamos: que Guadalupe el legendario, el indomable como los potros salvajes que recorren el verde tapiz de la llanura, era a su vez un verseador, un coplero, un amante cultivador de los aires musicales que lo acunaron, que su vida fue mucho más que un fusil y que tenía el alma llena no sólo de fiereza para el combate sino de cantos dulces y recios, de joropos, pasajes, seis por derecho, llena de paisajes, amores y recuerdos, la parte que no solemos conocer de los héroes populares.
Por ello resulta más desconcertante el querer de esta mujer llanera. Sólo a ella se le ocurre reivindicar la memoria y la figura de un hombre a quien la mayoría recuerda, cuando lo recuerda, como un violento. He aquí para mí lo más importante de su obra: su valor, su osadía y la lealtad con sus hermanos de raza, cuyas virtudes exaltó Guadalupe.
Arnulfo Briceño Contreras (q.e.p.d.)

(…) Desde Gallegos, Rivera, Mantilla Trejos, González Martínez, no había leído nada nuevo ni memorable en literatura sobre nuestra patria llana hasta que cayó en mis manos esta obra pulida en la mejor tradición del realismo costumbrista. Su rico lenguaje cervantino ignora literalmente los variados experimentalismos del agotado nouveau roman. Una tímida y breve joya en el pantano de tanta vanidad sin frutos perdurables. La aprecié desde el primer momento y espero, de alguna manera, haber alentado su presentación al público y al dictamen final de la crítica especializada. Juzgará el lector si valió la pena.
Rafael H. Salamanca R.

En Breviario de sonidos el autor busca crear una narrativa poética desde la música como fenómeno y, para lograrlo, allí se describen diferentes vivencias y sensaciones frente a la musicalidad que ofrecen desde los ruidos simples y naturales, hasta diversos ritmos: jazz, rock, tango, música clásica, bambuco colombiano, entre otros. Así, cada género suena como una ‘banda sonora’ para el desamor, la tristeza, la frustración, el tedio o la desesperanza. Aquí, la música revolotea sus notas entre los silencios y las estridencias de quien descubre que en una canción también hay fragmentos de su propia alma.

Persistencia y disciplina, son dos palabras que definen la clave del trabajo literario del autor de este volumen, Eduardo Espinel Riveros; basadas, por supuesto, en el talento que descubrió y pulió desde la práctica misma, impulsado inicialmente por las sesiones del taller de escritores, pero que siempre llevó consigo y luego le desbordó todos sus cálculos. De repente había centenares de textos escritos, que siguió puliendo hasta lograr convertir medio centenar de ellos en el libro Amanecer del tiempo, que hoy publica -en su colección Otras Voces– Entreletras. Una propuesta poética desde lo simple y lo cotidiano, que habita y respira y transpira en el microcosmos que le acompaña desde siempre: el entorno natural de su hábitat.

Este libro de cuentos, publicado en 2016 por la editorial Entreletras, condensa las insignificancias de lo cotidiano de un pueblo. Las ausencias, nostalgias, retornos, alejamientos, situaciones que forman parte de la vida de sus habitantes. A lo largo de los años, su autora fue guardando en su memoria y en viejos cuadernos, anécdotas, relatos, confidencias, que luego pulió con paciencia de alfarero, sin afanes, hasta convertirlos en historias que por fin vieron la luz en esta primera publicación.

Cuando escribí la letra de mi primera canción llanera me dije: bueno, este es el primer paso para comenzar a desarrollar algo que desde muy dentro brilla como una llama que arde cada vez más y crecerá en la medida que la alimente. Comencé a recopilar, en la mente, las imágenes que pasaban ante mis ojos cada vez que iba recorriendo al Llano.
Me formé de esa manera un gran retrato de donde extraería imágenes, con su dolor a veces, pero también con su belleza y alegría para dar así forma al verso, expresión genuina del alma.
Nací en Arauca, crecí en Casanare, profundicé sobre los misterios del Llano en el Vichada y senté mis reales en el Meta, más exactamente en Villavicencio desde donde sueño, repaso el enorme paisaje llanero e imagino como el Creador concibió esta tierra de cantores y poetas. Después de andar y conocer esta hermosa planicie me he atrevido a pensar que soy más llanero que araucano.
Aquí, en Villavicencio se me abrieron las puertas y me di paso para poder mostrar las muchas cosas guardadas en el alma de éste juglar, que antes que poeta describe, de manera sencilla la grandeza de esta tierra donde el sentir se manifiesta en el vuelo de una garza, en el río que le corta la piel grisácea a la tierra y baja largo y quejumbroso por entre guamales y palmares sedientos de sol y de viento; a la noche con su silencio y su cargamento de misterios, a la mañana iluminada por un sol viajero que en una explosión de luz ilumina la llanura y da paso a un nuevo día sembrando la vida en cada hoja, en cada flor o en cada hombre que se acostumbró a mirarlo de frente al amanecer y despedirlo de espaldas al morir la tarde.
Gracias al Todopoderoso por su infinita bondad, porque es que DIOS en su grandeza ama la poesía y es llanero como el pariente Casimiro Topocho.
Casimiro es Sicuani.
Hugo Mantilla Trejos

Este libro es un acierto. Un acierto que resultó de la conjunción de muchas voluntades: de la organización del Primer Concurso de Fotografía El Meta: los llanos son vida; de los artistas participantes y los invitados especiales; de la comunidad; y de los diferentes profesionales que intervinieron en la concepción y edición de este volumen, que bajo una misma consigna buscaron presentar un trabajo serio, diferente, basado en la magia de esta tierra ¾atrapada en los mejores trabajos fotográficos que busca embrujar a todo el que la contemple¾.
(…) Aquí se evidencia cómo los fotógrafos se esforzaron y pusieron, en cada foto, además del conocimiento en el oficio, su visión estética para captar lo esencial en cada toma. Se puede inferir, después de observar las fotografías, que se toman en serio el trabajo, con actitudes de artistas sabedores de que si una foto no muestra algo más de lo que presenta el objeto de la toma, si no ausculta el alma de los seres, si no agudiza la mirada hasta llegar al origen, es vana, solo un fragmento mudo de tiempo congelado.

Un libro de cocina es mucho más que un compendio de recetas. Su contenido lo convierte en un documento de carácter histórico, antropológico y cultural.
(…) Este libro, además de convertirse en una importante fuente bibliográfica y de consulta para múltiples disciplinas del saber, es una magnífica carta de presentación y elemento de promoción, ante Colombia y el mundo, de las potencialidades y diversidad cultural que posee el Meta, como departamento fundamental de la Orinoquia colombiana.
(…) Este trabajo, bajo el acertado título ‘Sabores y saberes en la cocina del Meta, es valioso, en especial, porque no se conforma con presentar las recetas populares o comerciales, sino que indaga en el corazón de los pueblos y veredas, donde habitantes aislados preparan platos tradicionales que, si algún día fueron comunes en la dieta regular, hoy se han convertido en rarezas culinarias; pero así mismo es una ventana abierta al mundo, para que se aprecien las nuevas tendencias, las fusiones y vanguardias que han convertido a nuestra gastronomía en una de las más apetecidas de la cocina colombiana.

(…) Es esta una poesía de resonancias y de certezas en los usos del lenguaje: no hay trucos de embalsamador de palabras, de buhonero de voces y de giros gratuitos, lejos de ese artilugio tan en boga de insertar la imagen por la imagen.
De sus dotes minimalistas, por algo es uno de los más certeros hacedores de cuentos breves, y de ello queda rastro en algunos de sus intensos poemas argumentales que a a cada tanto aparecen en “Mujeres”, Triunfo Arciniegas nos entrega notables muestras que nos recuerdan que el poema tiene tratos secretos con el milagro.
Juan Manuel Roca

“Un psiquiatra que recitara a Baudelaire sería visto hoy como caso psicopatológico”, nos dice en la presentación de éste, su libro, el escritor y psiquiatra Rafael H. Salamanca Rodríguez. Con tal presupuesto conceptual, a él lo podríamos catalogar dentro de uno de estos casos, pues su formación arraigada en lo humanístico, su vasta cultura y sus profundos conocimientos del oficio literario, unidos a un talento particular para compendiar en breves textos su opinión, sus percepciones del mundo y de las cosas, sean estas sobre ciencia, historia, literatura o política, nos lleva a pensar que, o tenemos un particular caso psicopatológico o a un intelectual de quilates que hoy nos presenta en este volumen de Con cetro de insigne marfil y otros escritos, una selección de los mejores textos publicados, a través de su larga trayectoria ensayística, en diferentes medios nacionales y locales. Escritos plasmados con una pluma aguda y firme, impregnada de conocimiento, que recorre sin tapujos y con la sencillez de quien conoce su oficio, una amplia gama de temas, desde lo especializado hasta lo más común y cotidiano.

«Si algo se parece a un huracán, tal vez sea el palpitar desbocado de estos niños y jóvenes talentos que me he topado mientras marcaban, libres y felices, el territorio de la imaginación. Sin ataduras, sin prejuicios, desde su auténtica manera de ver y sentir y narrar el mundo.
Lo primero que me llamó la atención fue ver un grupo de lectores que escribía. A partir de ahí, supe que con estos chicos cualquier sueño era posible. Y hoy, en este libro, comienza a cristalizarse.
(…) En los talleres, como resultado de un trabajo lúdico, se profundizó sobre la construcción de personajes, ambientes, atmósferas, diálogos, y hasta se vieron y comprendieron las más elementales normas ortográficas, desde la lógica y la imaginación.
La mayoría de los textos aquí publicados fueron concebidos, escritos y pulidos en las sesiones de taller, que se convirtieron en el recreo semanal para soltar las amarras y aprender a volar libres pero con instrumentos.»
Jaime Fernández Molano

Entre nínfulas y brujas no es más que un pretexto del autor para transitar —con pluma afilada—, por los insospechados vericuetos de la condición humana, a partir de una cotidianidad que en diversas ocasiones lo apabulla, le produce hilaridad, lo afecta o lo divierte.
(…) Jorge Omar Hurtado Ruiz, no es el primero, ni será el último en tomar la pluma por su propia mano para desquitarse de tanta banalidad, de tanta miseria humana que le asfixia en personajes mezquinos, en gente tan pobre de espíritu como rica en estolidez, a través de historias reales que superan la ficción, para dejarlas plasmadas en literatura. Y bien que lo hace en su obra Entre nínfulas y brujas, un conjunto de cuentos escritos con inevitable sarcasmo desde los ojos de un ‘mirón empedernido’ que no deja de tomar apuntes para ensartarlos sobre la punta de la pluma, que con paciencia sigue afilando en su estancia de Baobabs.

«Nos encontramos frente a una obra de corte fundamentalmente pedagógico que propone un cambio de paradigma: rescatar la curiosidad.
Algo que nos lleve desde la cultura de la indiferencia y el aburrimiento a la cultura de la investigación. Desde la curiosidad busca que se reconozca la duda como factor motivante. Que se busque el placer de vencer la duda. Que el deleite se confunda en las respuestas que satisfacen.
(…) El alumno solo aprende si la respuesta corresponde a un problema por él descubierto y a una pregunta que él se ha formulado.»
Roberto García C.

(…) Aquí encontramos un cuidadoso contraste entre las opiniones de los expertos acerca de si es necesario conservar el joropo con todas sus raíces, es decir, como nació en los hatos y aún se conserva en los espacios que han estado a salvo de las influencias foráneas o si, por el contrario, es benéfico incluir cambios en la coreografía, el vestuario, la interpretación musical.
En esta discusión, que se ha convertido casi en un enfrentamiento académico, los autores ponen de presente los elementos e ideas que aportan los expertos, analizándolos, aportando ejemplos, pero en ningún momento toman posición frente a la discusión planteada.
Estudios como este aportan a la discusión y a la comprensión de lo que se considera la identidad llanera que, como lo expresan los autores, es una categoría de difícil precisión semántica, por cuanto incluye tanto las formas vernáculas del ser, como las nuevas formas de asumir la cultura global y sus influencias en comunidades más cerradas, como es la llanera y su concepto de llaneridad.

Vienen de lejos estos textos de Paloma. Traen historias milenarias y, sin embargo, recién contadas. En la mayor parte de los textos, el yo poético se extasía ante la apabullante proliferación de recuerdos, vivencias y posibilidades de la realidad. La poeta, de forma apenas perceptible, fuerza la memoria, a veces hasta la deformación, para transformar el poema en una suerte de oruga con la facultad de presentarse ante el lector con la apariencia que la fricción, entre uno y otro, configure.
(…) Asombran estos poemas porque en ellos lo humano y lo no humano han alcanzado el mismo rango y el mismo derecho a la existencia. Se reconcilian en una suerte de fraternidad cósmica en la que el universo se convierte en la nueva morada del ser, y dios en su anfitrión.
(…) Pasaría de inconsciente quien, luego de leer este poemario, no sienta siquiera un atisbo de vergüenza por la historia humana.
Henry Bejumea Yepes

«Breves y sugerentes, con fuerza, estos poemas: la memoria que es también olvido, los anhelos y su dosis de vacío. Páginas que nos dicen cómo los sueños se resisten a la violencia, o cómo se mezclan con ella para hacerla tolerable. La voz de la fiesta y de la pesadilla, donde el poeta nos da razón de la dicha y la tiniebla».
Gustavo Adolfo Garcés.
***
«La brevedad de los textos defiende una intensidad que se mantiene en casi todas sus páginas. Se complementan la unidad y la variedad. Es sobrio y fluye de principio a fin. (…) Festejo la frugalidad de este libro».
Alberto Rodríguez Tosca.

Es una recopilación lingüística identifica una forma de expresión de los habitantes del llano colombo – venezolano. En él encontramos una serie de términos de origen español arcaico traídos por los conquistadores y colonizadores de esta región de América. También hallamos términos indígenas y expresiones propias de los habitantes de la región llanera. Con esta obra pretendo preservar este leguaje propio de nuestro llano. Su lectura resulta ser un medio de entretenimiento que amplía, divulga y fortalece el uso de un léxico vernáculo, además de conservar el acervo cultural llanero.

Mal adentro, entre columnas y montañas, es un grito desesperado, un relato casi diario de los hechos más representativos de la permanencia injusta en la cárcel del autor del relato, por un delito que no cometió. El lector se encontrará con una voz que expresa toda su furia y su dolor; que maldice por la injusticia cometida sobre él. La voz relata el descenso al infierno, su lucha con todos los demonios, el silencio. Luego, narra el proceso de aceptación a la realidad, y el lento ascenso hacia la superficie, en busca de aire fresco que espera con estoicismo.

«Carlos Enrique nos lleva de la mano y descorre el velo de las cosas, desde la perspectiva del que sabe todo por el continuo ejercicio de nombrarlo. Luego…, toca con la yema de los dedos los objetos y la voz del pasado, que siempre lo regresa, visita la casa, el polvo, la ceniza, el urgente vaho que dobla las esquinas…»
Roberto Reséndiz Carmona
***
«Desde la pequeña ciudad de sus desvelos —en la que no pudo huir de los atardeceres adversos, en la que vivió arrinconado y afligido como una mancha crepuscular a la orilla del puente, viendo pasar la materia de los días— Carlos Enrique Pachón fue capaz de formular en sus versos una, diría yo, dolencia ontológica que logró, —sin nombre, sin contraseñas, ni cifras— agitarse en el aliento de su voz.»
Fernando Linero

«La presente selección descansa sobre un criterio amplio y diverso.
Continuidad del horizonte, reúne una variedad de textos que reflejan el esfuerzo de un grupo de nuevos escritores en el llano por narrar desde distintas temáticas. Los autores delinean el mundo en que viven o recuerdan y, desde su visión, trasmiten la herencia de sus imaginarios a las generaciones actuales y las venideras. Lo hacen por medio de la envoltura literaria, quizás el instrumento más idóneo para esta transferencia.
(…) los textos de esta selección pretenden mostrar que hay voces que han entendido que lo esencial literario no es el paisaje sino la vida humana, la relación del hombre con sus semejantes y aquellos comportamientos o conflictos dignos de ser narrados».
Nayib Camacho O.

El primer libro de Yormary Rincón Parra —El amor de Gabriela y otros cuentos— fue un anuncio. Un campanazo de alerta.
Once meses después de su ópera prima, publica su segunda obra, Hombres sin rostro; un nuevo compendio de cuentos que confirma lo que ya había dejado claro en su trabajo anterior: que es una escritora de oficio, que le suma a su talento, convicción, empeño, disciplina y un cuidadoso manejo del lenguaje narrativo.
Sorprende la fuerza impactante de sus primeras frases en cada texto, porque atrapa de una al lector. Y luego lo mantiene en vilo y lo lleva por los vericuetos de su narrativa que es precisa, sin adornos ni rimbombancias.
Historias absolutamente cotidianas que fluyen a través de una pluma ágil y precisa. Textos cortos que Yormary plasma en tinta indeleble desde su alma de narradora.
Aquí está Hombres sin rostro, quince historias que seducen desde la primera línea. Tejidas con destreza y precisión por esta creadora irremediable.

Pequeñas crónicas escritas en la segunda vuelta de la campaña presidencial en Colombia de 2018 como una urgente necesidad de expresar un punto de vista sobre el acontecer político. Textos que circularon inicialmente en la virtualidad para expresar una opinión divergente y fomentar el espíritu de escritura crítica entre la ciudadanía. El libro no tiene carácter académico ni pretende ser un manual de procedimientos políticos. Sus comprometidas líneas contribuyen a ver con más claridad el destino inevitable que se avecina para que el pueblo organizado se conduzca hacia la autonomía a través de caminos de libertad, equidad y justicia.

Es la continuación del primer volumen que, para el autor, es uno solo, porque «el escritor está destinado a escribir durante toda su vida el mismo libro; uno solo con muchas versiones, donde se cuenta –en este caso, mediante el oficio de la poesía–, una historia». Para el poeta Darío Sánchez Carballo: «en Cantos del desterrado II se logra pisar un territorio firme, dando muestra de la existencia, allí, de poesía.
(…) El verbo que revela al hombre frente al universo. Como el canto del que es desterrado e inicia su marcha hacia lo desconocido.

En los ojos de un caracol, persiste la intención de comprender el universo y todos sus seres desde una mirada abierta, cósmica, cuántica, que lo mismo interroga al cosmos como al ser humano. En este libro, el diálogo entre ciencia y poesía es una apuesta por vislumbrar los arcanos más profundos, desde el tratamiento de los temas trabajados con mayor tradición en el oficio poético. Vida, amor, muerte, soledad, desolación, abandono, tristeza, mujer, hombre, niño, tiempo, espacio, y otros temas menores están presentes en su reflexión poética.

El destino de la luz es una pieza magistral que funciona por sí misma como un cuento o como un relato de las gestas llaneras en toda su brutalidad y heroísmo, dos caras de una moneda al aire acuñada en la guerra. Es también un poema en prosa, directo y elusivo a la vez, un poderoso arsenal de imágenes para un galerón.
Juan Manuel Roca

Gonzalo Arango escribe unos versos que me parecen una fotografía literaria de Jaime Fernández: «Inteligente como un tratado de magia negra, ruidoso como una carambola a las dos de la mañana». Ese es él. Alquimista, alfarero que hace extrañas mezclas de ternura y terror en todo lo que hace. Y así son sus textos. Así este libro». José Vicente Casadiego León.
La brevedad como esencia y razón en los escritos de este, su primer libro, con la palabra precisa, profunda y mordaz, que anuncia al agudo narrador que emprendió nuevos vuelos entre el horror y el asombro poético de sus muertes.

«Este es un libro de viajes, de llaneridad, no la que privilegia los paisajes geográficos sino la que habita en los paisajes de ser, los que oscilan entre la realidad y la imaginación de un aventurero. (…) Crueldad, humor negro, corrosión, están presentes en sus textos; pero también mucha ternura. Su voz poética es un grito que atraviesa el llano, es el auxilio que pide el hombre que se devora sin piedad la luz del firmamento… Filo de ausencias es la experiencia de un hombre rescatado del mundo por sí mismo, cuestionador, abstracto, subjetivo, cosmogónico y llanero…
Elena Tamargo (apartes del texto de El Nuevo Herald).

Es el registro –en un tomo poético universal– de las circunstancias nefastas de una región, de un territorio, de un país donde nacer duele en el alma; es la historia secreta de las sensaciones y emociones de quienes lamentan la desaparición, el desplazamiento y la muerte; es el desgarramiento íntimo, pero generalizado de seres humanos que nacen sin esperanzas y sin la posibilidad de construir sus anhelos ante la falta de respaldo, apoyo y protección del Estado a los derechos básicos que todo ser humano merece.

